Del Nobel a Rosario: un camino de paz y derechos humanos

El 13 de octubre de 1980, Adolfo Pérez Esquivel recibió la noticia de su designación como Nobel de la Paz. La decisión representó un duro golpe para la dictadura y aire fresco para las organizaciones que buscaban canales para difundir las violaciones a los derechos humanos que se multiplicaban en el país. Pérez Esquivel tenía en ese momento 49 años y estaba al frente del Servicio de Paz y Justicia. «Es evidente que en Argentina no se respetan los derechos humanos: existen miles de desaparecidos, los niños nacen en las cárceles. Nuestro trabajo consiste en buscar una solución a este drama por la dignidad de la persona», decía entonces.

En su visita al Museo Internacional para la Democracia en 2019, donó la boina que le fue entregada por un paracaidista de Malvinas. El objeto forma parte de la colección permanente del museo, y el Nobel es un amigo de la casa.

Un legado de paz y derechos humanos

(Buenos Aires, 26 de noviembre de 1931). Es un activista argentino destacado por su trabajo, que lo llevó a ganar en 1980 el Premio Nobel de la Paz por su militancia por los derechos humanos.

Pérez Esquivel recibió el Nobel recalcando el trabajo colectivo detrás de este reconocimiento, de aquellos que han estando trabajando por la justicia y la libertad para todos y todas. 

Parte de su legado es también su producción literaria, entre la que se destacan: Caminando junto al pueblo (1995), Documentos y discursos de reflexión (2002) y Cultivemos la paz (2007), entre otros. El Nobel formó parte de muchas misiones además de intervenir en diferentes campañas de resolución de conflictos internacionales (por ejemplo en Sudáfrica, Afganistán, Oriente Medio y Tíbet).

Cuando la ciudad habló con el lenguaje de la paz

Del 20 al 23 de septiembre de 2017, por primera vez en la Argentina se desarrolló un encuentro que reunió a cinco Premios Nobel de la Paz en una misma ciudad. Durante tres días, Rosario se convirtió en el escenario de una de las acciones más relevantes de los últimos tiempos. El evento incluyó sesiones, paneles de trabajo y un masivo cierre musical en el Monumento a la Bandera.

Desde la organización se pretendió generar conciencia sobre el hecho de que no solo un Premio Nobel de la Paz o un activista social construye paz. El denominado Voy x la Paz intentó aportar a la construcción de un mundo menos violento. Al respecto de este suceso cultural y social, Guillermo Whpei, presidente de la entidad que llevó adelante la iniciativa, dejó algunos conceptos sobre los desafíos de la búsqueda de la paz y la situación de violencia que atravesaba la sociedad de ese momento.

La organización manifestó tener un fuerte compromiso con la vida y con la región, y explicó que la idea había comenzado a gestarse en febrero de ese año, cuando fue invitada por Mijaíl Gorbachov a ser veedora de un proceso de paz en Colombia, donde más de cinco mil personas de la actividad guerrillera pasaron a la vida civil. A partir de esa experiencia surgió la idea de realizar un evento por la paz, ya que, en diálogo con diferentes organizaciones, se observó que la problemática de la violencia urbana y otras violencias se intensificaban y se repetían a lo largo de todo el continente americano.

Según explicaron, el proyecto se fue construyendo de manera colectiva, en conversación con Rigoberta Menchú, Adolfo Pérez Esquivel, Shirin Ebadi, Mairead Corrigan Maguire y Lech Wałęsa. Coordinar las agendas de los Premios Nobel fue un proceso complejo, pero finalmente se logró concretar. A criterio de los organizadores, el evento representó uno de los más importantes de la región, entendiendo por región a todo el continente americano.

Rosario, escenario de un encuentro por la paz

La elección de Rosario como sede se debió a que la organización tenía su origen en esa ciudad. Consideraron que Rosario ofrecía la posibilidad de brindarle a la Argentina y al mundo un megáfono para transmitir el mensaje de que la paz era tanto una decisión individual como una construcción colectiva. Asimismo, señalaron que la ciudad era el lugar indicado porque, además de ser el punto de partida de la organización, Rigoberta Menchú conocía muy bien el lugar y había participado junto a ellos en diversas actividades vinculadas con la paz. La entidad, además, venía trabajando desde hacía tiempo en esta problemática y en otras, como la esclavitud contemporánea.

Según explicó el director del Museo para la Democracia, el proyecto formó parte del compromiso de la institución con la promoción de los valores democráticos y los derechos humanos, especialmente aquellos vinculados con la construcción de una cultura de paz.

Guillermo Whpei