El Museo de la Democracia y el Día Internacional de los Derechos Humanos

El 10 de diciembre se celebró el Día Internacional de los Derechos Humanos que conmemora la adopción, en 1948, por parte de la Asamblea General de la ONU, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH).

Este documento fundamental establece las libertades y derechos básicos, promoviendo la dignidad y la justicia para todas las personas en el mundo. 

La Declaración es la base ética global para la protección de la humanidad ya que reconoce derechos como la libertad, la igualdad y la no discriminación. 

Es, además, un llamado activo y permanente a defender estos derechos en la vida diaria. 

En Argentina, sede del Museo de la Democracia, esta fecha también es simbólica por la restauración de la democracia en el año 1983 con la asunción de Raúl Alfonsín como presidente de la Nación.

Se consolidó así en el país el Estado de Derecho y la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. 

El Museo de la Democracia en Rosario 

Los derechos humanos tienen un lugar central en el Museo, respetando la concepción de que no hay democracia sin vigencia y respeto por los derechos que la Declaración Universal garantiza a todos los ciudadanos. 

Cada una de las ocho vitrinas donde se exhiben objetos e imágenes refiere a uno de esos derechos y complementa lo expuesto en las salas que circundan el espacio central.

Con la convicción de que –a pesar de vivir una realidad llena de contradicciones e incertidumbres– la democracia necesita construirse día a día, desde el Museo se llevan a la práctica acciones para contribuir a esa construcción dinámica y permanente. 

El compromiso de una experiencia compartida hace a un proyecto no solo individual sino colectivo.  El Museo ha sido concebido como un espacio abierto a la reflexión comunitaria y al análisis de los dilemas de la democracia en la escena contemporánea. 

El respeto por el patrimonio histórico

A orillas del río Paraná, en Rosario, el Museo de la Democracia se emplaza en el histórico Palacio Fuentes.

Se trata de una construcción icónica estilo Beaux-Arts con elementos eclécticos levantada por iniciativa de Juan Fuentes –un inmigrante que hizo fortuna en la región– como símbolo de gratitud hacia la ciudad.

Fue uno de los primeros rascacielos de hormigón armado en Sudamérica y se destaca por sus características y detalles, entre ellos los vitrales y una imponente torre con reloj.

En la actualidad, es sede del Museo Internacional para la Democracia que ocupa el subsuelo, en la intersección de dos calles céntricas, Sarmiento y Santa Fe. 

El Palacio Fuentes se yergue como un hito arquitectónico y cultural que dialoga con el patrimonio edilicio rosarino. Es digno marco para albergar al museo, sus obras y actividades

Otros edificios emblemáticos de la ciudad 

Rosario cuenta con Áreas de Protección Histórica (APH) que contienen edificios de valor cultural y patrimonial, y presentan particulares condiciones de construcción. 

El relevamiento es dinámico y realizado por especialistas. Con este entramado edilicio urbano dialoga el Palacio Fuentes, que lleva la firma del arquitecto Juan B. Durand en el año 1922.

El patrimonio histórico no es solo un bien cultural, sino también un derecho esencial de los pueblos, central en la vida de las personas y fundamento de su identidad cultural en los años 50 el especialista en derechos culturales Hedwin Harvey. 

En las Áreas de Protección Histórica (APH) se reconoce una calidad urbana y arquitectónica significativa. Incluyen edificaciones de gran valor cultural e histórico, destacadas por las características únicas de su construcción.

Estos sectores se protegen a través de normas que encuadran las modificaciones edilicias y funcionales, y que a su vez contemplan la posibilidad de incorporar nuevas construcciones.

El proceso de relevamiento, catalogación y confección del inventario de inmuebles fue llevado a cabo por la Municipalidad de Rosario y la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario. Participaron docentes, investigadores y estudiantes. 

Las áreas definidas reflejan diferentes etapas históricas y el desarrollo de múltiples actividades.

Por un lado, están aquellas que se definen en torno a un edificio o grupo de edificios de fuerte carácter institucional como iglesias, centros educativos, sedes gubernamentales o enclaves productivos industriales, portuarios y ferroviarios. 

Otras se distinguen dentro del tejido por presentar una morfología homogénea.

Esta puede ser aditiva (por la sumatoria de unidades que se construyen en el tiempo) o parte de un proyecto general (financiamiento bancario, iniciativa pública o privada).

Por otro lado, están aquellas que reconocen la existencia de trazas urbanas que denotan los orígenes de la ciudad, como las bajadas portuarias, el entorno fundacional y los barrios históricos. 

Finalmente, están las que, con alguna o varias de las características anteriores, se determinan dentro de un área de reserva o integran proyectos urbanos estratégicos.

Guillermo Whpei