El Museo de la Democracia y las narrativas sociales

El Museo Internacional para la Democracia —inaugurado formalmente en 2019 y con un proceso previo de muestras periódicas abiertas al público desde 2011— funciona en el Palacio Fuentes, en la ciudad de Rosario. Se trata de un proyecto cultural orientado a generar un espacio plural e inclusivo desde el cual promover valores fundamentales como la defensa de la democracia y el respeto por los derechos humanos.
Entre sus objetivos se encuentra contribuir al conocimiento de los derechos y obligaciones ciudadanas, así como fomentar la toma de conciencia acerca del carácter universal de los derechos humanos. El museo parte de la idea de que la democracia no constituye únicamente una forma de gobierno, sino también un modo de vida basado en la convivencia, el respeto y la participación. Por ello, impulsa el intercambio respetuoso de ideas y la reflexión colectiva en torno a los valores democráticos.
Asimismo, forma parte de FIHRM-LA, un proyecto internacional que busca promover, desde los museos, el conocimiento y el respeto por los derechos humanos. En este sentido, el Museo de la Democracia dialoga con distintas expresiones culturales y artísticas de Rosario, recuperando narrativas vinculadas con la solidaridad, el sentido de justicia y la preocupación social.
La vigencia de las narrativas sociales
A 120 años del nacimiento de Rosa Wernicke, la novela Las colinas del hambre mantiene vigencia tanto por su temática como por la mirada social que propone. La obra recibió en Rosario el Premio Municipal de Literatura Manuel Musto en 1943 y es considerada uno de los primeros libros argentinos en abordar la problemática de las villas miseria.
Rosa Wernicke nació en Buenos Aires en 1905, vivió en distintas localidades del interior del país y en 1934 se radicó en Rosario. Su novela se presenta como una denuncia de las desigualdades sociales y, al mismo tiempo, como un llamado a la sociedad para visibilizar esas realidades y promover soluciones frente a la injusticia y la marginalidad.
La denuncia de las desigualdades sociales presente en Las colinas del hambre continúa vigente en la actualidad. Para escribir la obra, Wernicke se instaló hacia fines de la década de 1930 en el barrio rosarino de Mataderos —actualmente conocido como La Tablada— y realizó un trabajo previo de investigación recorriendo sus calles y el vaciadero municipal. Además, conversó con vecinos, tomó apuntes y registró fotografías que luego servirían de base para la construcción de la novela.
Las imágenes obtenidas durante ese trabajo fueron utilizadas por Julio Vanzo para ilustrar la primera edición del libro. Vanzo, quien fue pareja de Rosa Wernicke desde 1934 hasta la muerte de la escritora en 1971, desarrolló esas ilustraciones desde una mirada sensible y comprometida con la realidad social representada en la obra.
Desde las artes visuales
En el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino se conservan más de doscientas cincuenta obras de Julio Vanzo (1901-1984), artista multifacético que se desempeñó como pintor, ilustrador, escenógrafo, escultor y secretario del museo entre 1938 y 1946.
Vanzo sostuvo una concepción del arte que trascendía la producción exclusivamente plástica. Su interés por la literatura y la dramaturgia amplió su práctica hacia otros campos, como la escenografía y la ilustración editorial. En este marco realizó, con gran sensibilidad, las ilustraciones de Las colinas del hambre, consideradas entre sus trabajos más significativos.
Una posible clasificación del patrimonio de Vanzo en el Museo Castagnino incluye los retratos de Rosa Wernicke, las obras vinculadas al teatro y las escenas de modelos en el taller. Algunas de estas piezas circularon en los espacios de difusión artística de la época, mientras que otras permanecieron inéditas hasta ser incorporadas al museo a partir de la donación realizada por la familia del artista en 2009.
Actualmente, la Casa Vanzo Wernicke constituye un espacio público de Rosario destinado a promover la investigación y la experimentación artística, recuperando el legado cultural y artístico de ambos creadores.
Los retratos de Rosa Wernicke
En sus trabajos de ilustración, escenografía y artes plásticas, Julio Vanzo recurrió a lenguajes vinculados a las vanguardias de principios del siglo XX, adaptándolos a una búsqueda personal marcada por la experimentación formal.
Dentro de su producción, la serie Los retratos de Rosa tiene como protagonista a Rosa Wernicke, escritora, periodista y crítica literaria, con quien Vanzo compartió gran parte de su vida. Entre esas obras se destaca el óleo El saco rojo, que obtuvo el premio adquisición en el IV Salón de Artistas Rosarinos. En estos retratos sobresalen la expresión melancólica y la representación sensible de la figura de Rosa.
Muchas de las obras permanecieron en la casa-taller del artista hasta su fallecimiento y posteriormente ingresaron al museo junto con la donación realizada por la familia.
Rosa Wernicke desde la literatura y Julio Vanzo desde las artes visuales desarrollaron además distintos trabajos en colaboración para diarios, revistas y ediciones de libros. Entre ellos, el realizado para Las colinas del hambre es considerado uno de los más importantes y logrados.
La novela fue reeditada recientemente por la Editorial Municipal de Rosario y forma parte del realismo social urbano. Además de constituir un testimonio histórico y un documento representativo de la época, la obra mantiene en la actualidad una fuerte vigencia debido a las problemáticas sociales que aborda.