El Museo Internacional para la Democracia y sus actividades

En el Museo, los derechos humanos ocupan un lugar fundamental: la democracia solo es posible cuando se respetan y se hacen valer los derechos que la Declaración Universal reconoce a todas las personas.
Cada una de las ocho vitrinas donde se exhiben objetos e imágenes refiere a uno de esos derechos y complementa lo expuesto en las salas que circundan el espacio central.
Vivimos una realidad llena de incertidumbres. Sin embargo, sabemos que la democracia necesita construirse día a día y que requiere que aportemos, desde nuestros lugares de trabajo, el compromiso de una experiencia compartida, la convicción de que todos tenemos necesidad, obligación y derecho a luchar contra las postergaciones e injusticias, y a construir un proyecto no solo personal sino colectivo.
En este sentido, el Museo Internacional para la Democracia resguarda piezas históricas y, además, propone un recorrido que vincula pasado y presente, invitando a comprender cómo los principios democráticos se construyen, se discuten y se ejercen.
A través de sus salas, objetos y experiencias, el museo busca que cada visitante pueda reconocerse como parte activa de ese proceso, entendiendo que la defensa de los derechos humanos y la participación ciudadana no son conceptos abstractos, sino prácticas cotidianas que sostienen la vida democrática
Museos abiertos, luz en la noche
La Noche de los Museos es una iniciativa que anualmente invita a instituciones del sector público y privado a realizar actividades abiertas al público en general, con entrada gratuita, durante una noche.
En la noche de los museos se han pensado siempre distintas alternativas que atraigan al público a disfrutar de la institución. Que la visiten y la conozcan funciona como propuesta pensarlo como espacio abierto a la reflexión y el análisis de los dilemas de la democracia en la escena contemporánea.
Para repasar algunos hitos, en el 2022 el evento puso el foco en la posibilidad de compartir nuestros propios valores con la comunidad, allí las vitrinas fueron intervenidas por la artista Flor Balestra. A través de imágenes lúdicas y coloridas se construyó una nueva manera de ver, para repensar la democracia y la participación que en ella ejercemos como ciudadanía.
En el 2024 se puso el foco en el Palacio Fuentes y sus secretos ya que el lugar está repleto de historias y detalles arquitectónicos únicos. Fuentes imaginó una jerarquía de valores ubicando a la familia en la cima -las viviendas-, el trabajo en el centro -las oficinas-, los negocios en la planta baja -el banco- y el ocio en el subsuelo -el Cifré-.
La confitería emplazada en el subsuelo contaba con 2 salones para fiestas, familias y banquetes; el comedor, con subdivisiones en pequeños comedores y el salón blanco. Su decoración contó con la intervención de Alfredo Guido y las pinturas murales de Lucio Fontana.
Entre las particularidades arquitectónicas se destaca en primera instancia su puerta, realizada en fundición alemana de bronce. Representa los cuatro vientos, las cuatro estaciones, la ganadería, la agricultura y las etnias del mundo.
Para la época se destacaba por su diseño moderno, el reloj campanario de cuatro cuadrantes ubicado en la parte alta de la torre que aún reproduce el sonido del Big Ben y sus lámparas realizadas en bronce que permitían iluminar ambas caras exteriores del edificio.
El reloj es de la misma procedencia que el de la Torre de los Ingleses de Buenos Aires. Mientras que, el faro y la veleta con el arado fueron un pedido expreso del propietario al arquitecto.
El Odiómetro: medir prejuicios, construir democracia
El 2024 contó con nuevas iniciativas y exposiciones. Se inauguró la sala de discursos de odio, donde se busca que los visitantes se replanteen sus prejuicios y preconceptos a través de una experiencia interactiva. En la sala funciona el dispositivo interactivo llamado odiómetro que evalúa el nivel de prejuicio o discriminación del visitante frente a diversas temáticas (xenofobia, tercera edad, discapacidad, comunidad LGBTI+, gordofobia, etc.). La idea es fomentar la reflexión y conciencia sobre cómo nuestras actitudes impactan en el entorno social.
La vía democrática es una construcción colectiva. Por eso, el museo no se entiende a sí mismo como una colección de objetos sino como un espacio abierto a la reflexión y al análisis de los dilemas de la democracia en la escena contemporánea.
En la actualidad atravesamos un momento de apogeo de los discursos de odio, los cuales hacen responsables a las minorías de las crisis económicas, sociales y políticas. La estigmatización de los migrantes, las diversidades sexuales, las personas que viven en los márgenes, generan una polarización del discurso público cada vez más violenta.
El crecimiento de las redes sociales hace que estos contenidos circulen rápidamente desde el anonimato, y de la misma forma, estos discursos crecen en las plataformas electorales, a nivel partidario y en organizaciones ya establecidas.
Esta embestida ideológica, discriminatoria y racista, es peligrosa y antidemocrática, y se sostiene justificando falsamente que las minorías gozan de oportunidades o ciertas ventajas que el resto de la población no.
La vida democrática requiere respetar valores esenciales como el diálogo, la tolerancia y el respeto a las diferencias; el museo es un espacio que invita a poner en práctica esos valores.