Museo de la Democracia: Cine, mujeres, identidad y resistencia

El cine dirigido por mujeres es una herramienta fundamental para la construcción y redefinición de la identidad cultural, desafiando estereotipos hegemónicos y ofreciendo perspectivas diversas.

A través de narrativas propias, las cineastas llegan a explorar temas de género, memoria, territorio y transformación social, visibilizando voces a menudo marginadas en la industria.

En Rosario, donde el Museo de la Democracia tiene su sede, se realizó hace pocos años el Festival La Mujer y el Cine en el Centro Cultural Cine Lumière. La actividad fue impulsada por la asociación civil La Mujer y el Cine, y se exhibieron cortos y películas, además de realizarse charlas y entrevistas públicas. El museo dialoga con la actividad comprometida de la cultura y el arte de la región y el país.

La mujer y el cine

La Mujer y el Cine es una asociación civil fundada en 1988 por María Luisa Bemberg, Lita Stantic, Sara Facio, Susana López Merino, Gabriela Massuh, Marta Bianchi y Beatriz Villalba Welsh. Persigue el propósito de estimular y difundir la presencia de las mujeres en el campo del cine y las artes audiovisuales.

Desde su creación, el festival impulsado por la asociación promueve y fomenta el cine realizado por mujeres, con secciones de interés tanto para las autoras audiovisuales como para el público en general, tales como las centradas, por ejemplo, en concursos de cortometrajes. Además, propone charlas, conversatorios y entrevistas que buscan abordar desde los enfoques de género las distintas temáticas ligadas a la actividad audiovisual.

Desde hace más de tres décadas ha realizado seis festivales internacionales de cine dirigido por mujeres y otros diez dentro del marco del Festival Internacional de

Mar del Plata organiza y lleva adelante cerca de veinte concursos de cortometrajes, tanto de alcance nacional como internacional.

En Rosario, el festival se realizó después de su paso por el MALBA y el Centro Cultural San Martín en Buenos Aires. Entre los documentales proyectados figuran Las picapedreras, dirigido por Azul Aizenberg, y Esquirlas, con la dirección de Natalia Garayalde. En el primero se aborda la llamada Huelga Grande de Tandil impulsada en 1908 por obreros picapedreros. Sólo hay registro de algunos testimonios sobre el conflicto en una publicación y en una película de ficción de los años setenta. El documental reconstruye fragmentos de la historia con películas ajenas, buscando en los gestos de otras mujeres las imágenes ausentes de las picapedreras.

En cuanto a Esquirlas, parte de lo sucedido el 3 de noviembre de 1995 cuando explotó la Fábrica Militar de Municiones de Río Tercero. La directora recuerda que tenía doce años cuando esto sucedió en su ciudad natal y, mientras intentaba escapar de las explosiones, grabó la devastación reinante con una cámara de video. Veinte años después encontró esas cintas y surgió la idea del documental, que señala que la amenaza del sector industrial y militar persiste en la actualidad.

Otro de los documentales presentados fue En este momento las Cataratas están sonando, dirigido por Josefina Horquin. Aquí, una joven decide emprender un viaje hacia las Cataratas del Iguazú. Su búsqueda se orienta a encontrar una imagen jamás vista de ese paisaje, pero en el transcurso del viaje su relato lleva al espectador a reflexionar sobre el tiempo y los comportamientos humanos.

Danubio, de Agustina Pérez Rial, se desarrolla en la Guerra Fría, cuando, en 1968, la dictadura de Juan Carlos Onganía organizó el IX Festival de Cine de Mar del Plata como una manera de mostrar desde Argentina una imagen de apertura hacia el mundo. En ese contexto, los servicios de inteligencia vigilaban lo que consideraban era la infiltración del comunismo en la cultura.

En la obra, una mujer inmigrante eslava traduce a las delegaciones de los países de Europa del Este la conflictiva agenda del festival (huelga de actores, películas censuradas). Cine y política se entrecruzan en esta cinta construida íntegramente a través de archivos.

Identidad y resistencia Desde pioneras como la francesa Alice Guy Blaché –cuyas innovaciones e influencia en el cine se han visto silenciadas por las barreras de género que impidieron el reconocimiento de su legado– hasta las directoras contemporáneas, la presencia femenina ha crecido, aportando un punto de vista indispensable.

El cine realizado por mujeres funciona como un acto de resistencia y una revalorización de la cultura, explorando la construcción de la identidad en contextos de cambio. En cuanto a la diversidad de perspectivas, las directoras abordan temas complejos con nuevas miradas, rompiendo con los estereotipos y representando la diversidad de la vida.

En este sentido, festivales como La Mujer y el Cine juegan un papel crucial, destacando la creatividad y el rol transformador de las mujeres en la industria, a la vez que difunde un cine que reconfigura el modo en que las audiencias perciben su propia cultura y la de otros.

Guillermo Whpei