Museo de la Democracia: la cultura, el arte y la realidad social

El Museo Internacional para la Democracia –ubicado en el centro histórico de la ciudad de Rosario— constituye un espacio donde los visitantes, además de recibir información, tienen la posibilidad de reflexionar sobre la democracia a partir de hechos significativos de la historia argentina y universal.
Emplazado en el emblemático edificio del Palacio Fuentes, su patrimonio incluye objetos y documentos de valor histórico, y también obras de arte. Todo, estrechamente vinculado a acontecimientos que han sido hitos en el proceso de construcción de valores democráticos.
Son más de mil piezas desde la época colonial hasta nuestros días. Se exhiben tanto en la muestra permanente como en las exhibiciones temporales.
En la colección, las obras de arte se insertan y dialogan con el contexto democrático y sus valores imperantes. Evidencian la convicción de que los artistas y sus producciones guardan un vínculo estrecho con los procesos históricos.
En Rosario y la región existe una tradición fecunda y sostenida de artistas vinculados al arte con compromiso social y perspectiva democrática. Por ejemplo, Antonio Berni, el gran artista rosarino nacido en 1905 y fallecido en 1981.
Arte con sensibilidad social
En muchos de sus cuadros, Berni realiza collages que incorporan elementos diversos como papel maché, telas, latas y chatarra, piezas de plástico, madera y clavos. Lo hace para construir una narrativa propia y desarrollar mayor expresividad.
Su pintura mural era transportable y gracias a ello circulaba en fábricas y sindicatos, grandes concentraciones e incluso en situaciones de conflicto. De ese modo, el artista podía llegar con su arte a aquellos sectores sociales que de otro modo no hubiesen accedido a él.
Ante el contexto crítico que envolvía al pintor y a la sociedad, en el país y en el mundo –depresión económica, confrontaciones políticas, amenazas de guerra–, Berni construyó sus obras con actitud participativa y crítica.
Entre sus cuadros famosos del inicio de su carrera y de los últimos años se encuentran, respectivamente: Manifestación, de 1934, relacionado con el clima de época (la llamada Década infame), y Cristo en el Garage, de 1981, en donde se ve plasmada la violencia política de esa etapa.
Compromiso con la realidad social
En la ciudad natal de Berni puede verse su obra, que conforma una de las piezas fundamentales de la escena pictórica nacional. Por ejemplo, en el Museo Castagnino se exhiben algunas pertenecientes a la serie de Juanito Laguna (entre ellas, Juanito pescando y Juanito bañándose) y, fuera de ella, El vallecito (de 1924), Retrato (de 1935) y Composición (de 1937).
Juanito Laguna es un personaje creado a finales de la década de 1950 y comienzos de los años 60, en un entramado contexto nacional e internacional que impulsó a Berni a elaborar nuevas formas e imágenes expresivas.
El artista concibe a Juanito como el hijo de un trabajador obrero, peón de la industria metalúrgica, que vive en el barrio ubicado en el bañado de Flores en Buenos Aires y que pasa el tiempo jugando libremente en la calle.
Poco tiempo después creó otro personaje, Ramona Montiel, una muchacha de provincia que es corrompida por la gran ciudad, en palabras del propio artista.
A través de Ramona, Berni sondea diferentes aspectos de las presiones sociales e históricas que recaen sobre la mujer, así como la influencia de la televisión y los anuncios publicitarios influyen en la manera en que se construye la sensibilidad social femenina y en la formación del deseo de consumo. Ambos personajes fueron representantes icónicos de los marginados por la sociedad y las historias que despliegan contribuyeron a que el artista alcanzase aún mayor trascendencia en el medio artístico.
También hay muestras temporales que se renuevan. Una de ellas fue en El Jardín de los Niños como parte de un programa educativo no formal y allí se exhibió una muestra inspirada en su producción.
Arte y objetos históricos a tono con los valores democráticos
A 120 años del nacimiento de Antonio Berni y en el marco del tricentenario de Rosario, el Museo de la Democracia –desde su perfil humanista– dialoga con la trama cultural de la ciudad. En esta ocasión, con un artista que recurre al realismo social para denunciar la pobreza, la injusticia y la marginalidad.
Sus obras expusieron las realidades crudas de la pobreza, como por ejemplo Desocupados, del año 1934, que se sitúa en las barrancas del río Paraná, en la zona norte rosarina, y muestra lucha y sufrimiento.
Los valores democráticos se entrelazan como una defensa ética de la justicia social, la equidad y la fraternidad.
Estos abarcan la libertad, la igualdad y la justicia, además de la solidaridad, la participación activa en pos del bien común, la tolerancia y el respeto, el pluralismo y el sentido de la responsabilidad, todos ellos en función de una convivencia que respete la dignidad humana y el bienestar colectivo.