Museo para la Democracia: Acto de reparación histórica desde museos etnográficos

respeto a los ancestros en museos

En el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, ubicado en esa ciudad, se realizó recientemente un acto que implicó la devolución de los restos de un niño momificado de entre 5 y 7 años de edad que había ingresado al museo en 1905. El ancestro era proveniente del Apu Chañi y fue devuelto a su comunidad de origen.

La devolución de un ancestro indígena proveniente del Apu Chañi, junto con los objetos que integran su ajuar, se realizó a representantes de la Comunidad Aborigen El Angosto y de la Organización Comunitaria Aborigen Sol de Mayo, de la localidad de El Moreno, departamento de Tumbaya, provincia de Jujuy. La ceremonia reunió a autoridades universitarias, integrantes de comunidades originarias, trabajadores del museo, investigadores, estudiantes y público general, en una jornada atravesada por la emoción, la reflexión y el reconocimiento histórico. Fue un acto de justicia y reparación histórica, y marca un cambio sustancial y definitivo en la relación entre los museos y los pueblos originarios, al poner el acento en que no se devuelve un bien patrimonial u objeto de estudio sino un antepasado a su territorio y a su gente. En reconocimiento de la pluralidad de identidades y con una mirada crítica sobre las narrativas históricas que negaron la existencia de pueblos indígenas anteriores a la colonia se realizó este acto. Reflexión y acto de justicia.

Durante mucho tiempo, los restos humanos en el contexto museístico fueron definidos como patrimonio, materiales bioarqueológicos, objetos o colecciones, e identificados únicamente con un número, sin nombre ni identidad. La reflexión sobre el enfoque de la ciencia, al cambiar estas acciones y criterios, apunta a respetar y priorizar la dignidad humana y del respeto a los ancestros. Durante la ceremonia, Clemente Flores, referente de la Comunidad Aborigen El Angosto, destacó el profundo valor que posee este regreso para las comunidades. Señaló, además, la continuidad viva de esos saberes y objetos en las comunidades actuales y definió al ancestro restituido como “un guardián” ligado especialmente al agua y a la vida en la Puna. Rubén Fernando Galián, integrante de la Organización Comunitaria Aborigen Sol de Mayo, por su parte, definió la importancia del momento como muy anhelado y de concreción de un acto de justicia. Desde una dimensión espiritual y comunitaria, sostuvo que la devolución permitirá una instancia de equilibrio en la naturaleza.

Desde la Facultad se señaló que la devolución constituye una reparación histórica y se subrayó la necesidad de revisar críticamente la historia de las instituciones científicas y académicas para poder comprender qué ocurrió con estas comunidades cuando los cuerpos se convirtieron en meros objetos de conocimiento, dejando de lado la sensibilidad y el entendimiento de que allí había una vida, una historia, una comunidad y un territorio. Asimismo, vinculó el acto con los valores de memoria, verdad y justicia sostenidos históricamente por la universidad pública, y remarcó el carácter de acto de ética que conlleva la restitución.

En relación con los aportes científicos y en cuanto al papel de las investigaciones arqueológicas, antropológicas e históricas desarrolladas en universidades nacionales, se señaló que dan cuenta de los procesos de invisibilización de los pueblos originarios y aportan fundamentos científicos, jurídicos y éticos al reconocimiento de sus derechos tanto en el orden territorial como cultural y espiritual. La rigurosidad de la ciencia permite desmontar el mito de una población de raíz exclusivamente europea y demostrar la diversidad de pueblos, lenguas, culturas e identidades étnicas que conforman el territorio argentino.

Se explicó, también, que todo el proceso fue trabajado conjuntamente con los referentes comunitarios, acordando las modalidades de devolución, los contenidos del informe histórico sobre el niño del Apu Chañi y su ajuar, y la organización del acto. Se respetaron tanto los procedimientos institucionales como las necesidades espirituales de la comunidad para devolver la paz a su memoria, permitir que el niño descanse según sus propios ritos y, finalmente, reparar y sanar una herida abierta en el pasado.

El Museo Internacional para la Democracia, con sede en Rosario, dialoga de manera dinámica y permanente con otras instituciones del país y de Latinoamérica (a través de la red FIHRM-LA) sobre problemáticas esenciales que hacen a los derechos humanos. En el país, la devolución de restos humanos indígenas depositados en museos está garantizada por la Ley Nacional 25.517. Esta norma establece que todos los restos mortales que formen parte de colecciones públicas o privadas deben ser puestos a disposición de las comunidades originarias que los reclamen, considerándose una política de reparación histórica. La ley –que fue sancionada en 2001– obliga a museos y universidades a suspender la exhibición de restos humanos y entregarlos a las comunidades de pertenencia que lo soliciten, exigiendo el consentimiento expreso de las comunidades para cualquier emprendimiento científico que involucre su patrimonio.