Museo para la Democracia: Artes visuales, literatura y memoria cultural

En el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) se exhibe actualmente la muestra de Belkis Ayón Mito y desobediencia. La artista cubana (1967 – 1999) desarrolló una obra profundamente vinculada con cuestiones que hoy pueden leerse desde la perspectiva de los derechos humanos ya que, a través de su producción estética, reflexionó sobre la exclusión, el poder, la violencia simbólica y la condición humana, todo ello mediante un lenguaje alegórico.

Los principales ejes de su trabajo son la discriminación y desigualdad de género. Su producción gira en torno al mito de Sikán -única mujer de la sociedad secreta afrocubana Abakuá, quien es sacrificada y condenada al silencio-, que se convierte bajo su mirada contemporánea en una figura que denuncia la subordinación de las mujeres y cuestiona las estructuras patriarcales. Sus personajes femeninos suelen aparecer sin boca, símbolo del silencio impuesto y de la imposibilidad de hablar.

En cuanto a la exclusión y la marginalidad, a partir del universo Abakuá, la artista refiere a las personas excluidas de los espacios de poder y a quienes quedan fuera de la comunidad. Esa exclusión puede leerse en términos de género, pero también de raza, pertenencia social y condición humana. También se hacen evidentes en sus obras temas como la censura, el control y la falta de libertad. La madurez artística de Ayón coincidió con una época de crisis económica e ideológica en su país. Los grabados en blanco, negro y gris transmiten un clima de angustia y abordan temas como la censura, la intolerancia, la violencia, los mecanismos de control y las estructuras de poder.

Están presentes la violencia y el sufrimiento humano porque, aunque sus imágenes parten de un mito específico, sus escenas remiten a experiencias universales como el miedo, el dolor, el sacrificio, la injusticia, la culpa, la resistencia y la búsqueda de dignidad.

La identidad afrodescendiente y la memoria cultural afloran al reinterpretar la artista las tradiciones afrocubanas desde una perspectiva contemporánea y femenina, reivindicando un patrimonio cultural históricamente invisibilizado y abriendo nuevas lecturas sobre la herencia africana en Cuba. Construyó una de las reflexiones visuales más potentes del arte latinoamericano contemporáneo sobre el silencio, la exclusión y la resistencia.

Mujeres y protagonismo histórico

En Buenos Aires se representa actualmente la adaptación teatral de la novela Río de las Congojas, de Libertad Demitrópulos (1922-1998). La pieza, adaptada y protagonizada por Sofía D’Amelio, narra la expedición de Juan de Garay que parte de Asunción y se centra en María Muratore, mujer soldado que se une a la misión y se convierte en mito en el marco de la primera fundación de Santa Fe (1573). Hacia fines del siglo XVI, la expedición de Garay con su ejército de mestizos recorre el río Paraná hacia los territorios del sur y, en ese contexto, el personaje de Muratore –que se une a la expedición guiada por la promesa de una vida autónoma y libre– se convierte en soldado y en mito. La puesta en escena teatral propone una mirada crítica sobre la Conquista, del mismo modo que lo hiciera la novela en que se basa.

Río de las congojas es una de las novelas argentinas más importantes para pensar la relación entre historia, memoria y el lugar de las mujeres. Publicada en 1981, reescribe los relatos fundacionales del Río de la Plata desde la perspectiva de personajes que la historia oficial suele dejar en los márgenes, especialmente mujeres y mestizos. En relación con el rol de la mujer, Demitrópulos plantea un aspecto central: las mujeres protagonistas de la historia. Frente a las crónicas coloniales, centradas en conquistadores y fundadores, Demitrópulos coloca en el centro a María Muratore e Isabel Descalzo, quienes narran, interpretan y cuestionan los acontecimientos. Las mujeres dejan de ser acompañantes para convertirse en sujetos de la historia, lo cual conlleva una crítica al patriarcado: se muestra cómo eran concebidas como propiedad o instrumentos para asegurar la descendencia y la supervivencia de la colonia. Sin embargo, en la obra las protagonistas resisten esos mandatos. A la vez, la mujer es portadora de memoria. Mientras los hombres aparecen ligados a la conquista, la guerra o la fundación de ciudades, las mujeres –incluso asumiendo esos mismos roles– preservan las experiencias cotidianas, los vínculos y los recuerdos. Esa memoria íntima complementa y cuestiona la historia oficial. En cuanto a la memoria histórica, la novela reescribe la historia desde los márgenes. No reproduce el relato heroico de la conquista sino que recupera las voces de quienes fueron silenciados o apenas mencionados por los documentos oficiales. Los hechos históricos se mezclan con recuerdos personales, mitos y relatos orales. La novela sugiere que el pasado nunca es una verdad única, sino una construcción hecha de múltiples voces. La memoria aparece como una forma de resistir al olvido.