Museo para la Democracia: La literatura que transforma la realidad

Entroncando con la tradición de la producción literaria del litoral argentino vinculada al paisaje ribereño (entre cuyos exponentes podemos mencionar a Juan L. Ortiz, Diego Oxley, Beatriz Vallejos y Juan José Saer, entre otros) y ampliándola, podemos encontrar en ese mismo mapa literario a Enrique Wernicke (Buenos Aires, 1915 – 1968), autor de las novelas “La ribera” y “El agua”.
La crítica ha señalado que “La ribera” constituye junto a “Zama”, del mendocino Antonio Di Benedetto (1922 – 1986), una de las obras más importantes de la narrativa argentina de la década del 50.
En los últimos años se editaron los “Cuentos completos” de Wernicke, circulan algunos de sus textos infantiles y se ha reeditado “La ribera” (1955). El escritor es, además, autor de diarios, algunos de los cuales se publicaron en la revista “Crisis” a mediados de los 70. El propio Wernicke le puso nombre a su diario múltiple (“Melpómene”) y consideró que constituía su obra principal. Este diario de 1936 a 1968 constituye un material inestimable no sólo para la obra de Wernicke sino para la historia de la literatura nacional, ya que pone de relieve el contexto cultural de los años 40, 50 y 60 en el país.
Su vida y su obra
Fue autor, también, de “Palabras para un amigo” (1937), “El capitán convaleciente y otros poemas distintos” (1938), “Hans Grillo” (cuentos, 1940, Premio Municipal de Literatura), “Función y muerte en el cine ABC” (cuentos, 1940), “El señor cisne” (cuentos, 1947, Faja de Honor de la SADE), “La tierra del bien-te-veo” (1948), “Chacareros” (novela, 1951), “Los que se van” (cuentos, 1957) y “Sainetes contemporáneos” (Mejor Autor 1963, distinción otorgada por la Asociación Críticos Teatrales), entre otras obras. Dejó tras su muerte una novela inconclusa (“Oficial de atrás en caballo blanco”), que es una suerte de diario ficticio.
Pasó su infancia en la llanura bonaerense, paisaje fundamental que aparece en sus primeras obras, en especial en “La tierra del bien-te-veo” y “Chacareros”. Vivió la bohemia parisina y trabajó como periodista en Buenos Aires. Fue agricultor,
viajante, iluminador para el cine, topógrafo, titiritero y publicitario, entre otros oficios diversos, algunos de los cuales aparecen en su narrativa.
Autoexiliado en la ribera bonaerense (el segundo paisaje definitorio de sus últimos escritos), se congregó en torno de su figura buena parte de la intelectualidad argentina de las décadas del 50 y 60. A partir de esta relación con lo fluvial en su producción es que lo relacionamos con autores del Litoral en cuyas obras el río es protagonista .
La novela “El agua” (1968) recibió el Premio Nacional de Literatura. En cuanto a “La ribera”, en ella se cuenta una historia de origen autobiográfico: el protagonista es una suerte de “alter ego” del autor. Es un periodista que deja la vida urbana y se recluye en la costa del Río de la Plata para escribir y vivir de manera modesta de su trabajo artesanal. La acción transcurre en los años 1944 y 45, y con la historia del protagonista se entrelazan las de los personajes ribereños, mientras el fin de la guerra en Europa oficia de contrapunto del acontecer político y de la realidad social argentina. Algunas de estas temáticas están presentes también en “El agua”, publicada de manera póstuma. Wernicke creyó en la eficacia de la literatura para transformar la realidad.
Democracia y derechos humanos
El Museo para la democracia dialoga con la realidad cultural de la región y del país. La ciudad de Rosario, donde se ubica el museo, es sede de la Federación Latinoamericana de Museos de Derechos Humanos. Este proyecto internacional parte de una red colaborativa entre distintas instituciones y crece a lo largo de Latinoamérica conectando proyectos con visiones afines.
Bajo la idea de que todos los museos pueden ser considerados espacios potenciales para abordar los derechos humanos, se plantea que instituciones de distintas características tienen la capacidad, desde sus propios enfoques, de reflexionar sobre los derechos y deberes que organizan la vida de las personas a las que se dirigen. Fihrm-la surgió como una iniciativa para establecer vínculos, colaboraciones e intercambios que potencien el desarrollo en América Latina. Fue identificada, previamente, la necesidad de establecer un foro regional específico para los museos latinoamericanos y otras organizaciones relacionadas, que contribuya al fortalecimiento del diálogo sobre democracia y derechos humanos en la región.
El proyecto se desprende del brazo de Fihrm – Federación Internacional de Museos de Derechos Humanos, organización que conecta, en una red colaborativa, a diversos museos alrededor del mundo. Así, en el marco de su octava reunión anual (llevada a cabo a fines de 2017 en el Museo Internacional de la Democracia en Rosario) nació la red latinoamericana con el objetivo de desarrollar el potencial de sus organismos miembro, enfocándose en contribuir a que sus públicos se interesen, comprendan y respeten los derechos que han sido declarados inalienables para todas las personas.