Museo para la Democracia: Patrimonio inmaterial y convivencia democrática

Las salas de exhibición del Museo Internacional para la Democracia –ubicado en Rosario en el emblemático Palacio Fuentes– pueden ser vistas como un espacio abierto a la reflexión y el análisis de los dilemas que enfrenta la democracia en el contexto contemporáneo. Anualmente, en la Noche de Museos Abiertos éstos se abren a la comunidad para ser visitados en horarios no convencionales y ofrecer actividades variadas en unos cuarenta espacios culturales de la ciudad.
El museo dialoga con la historia viva de su enclave, en donde acciones como la realización de la Fogata de San Pedro y San Pablo organizada a fines del mes de junio por la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto en el parque Regional Sur entrelazan memoria histórica, herencia cultural y activa convivencia comunitaria.
Como parte del patrimonio inmaterial que comprende fiestas, celebraciones, conmemoraciones y rituales, la caravana que desembocará en el parque para el encendido de la fogata sale de la escuela Musto, en el barrio Saladillo, y marcha hasta llegar a la plazoleta Julio Oksanich del Parque Regional Sur.
El evento incluye una caravana con muñecos hechos de materiales reciclables cuya confección se lleva a cabo a través de jornadas abiertas en la escuela en los días previos. Se realiza desde la década del 90 para rescatar esta tradición popular.
Las actividades y el entorno
El Parque Regional Sur posee características de parque natural no formalizado y fue declarado zona de reserva. Su historia se encuentra íntimamente ligada, a inicios del siglo XX, a varios frigoríficos que procesaban carne para exportación. El barrio comenzó a poblarse de inmigrantes que se establecieron en busca de trabajo y esto configuró el perfil de la zona, que inicialmente era de casaquintas de familias acomodadas.
A lo largo de los años, hasta llegar a la actualidad, el predio tuvo diferentes propietarios y usos. Perteneció, en otro momento histórico, al Regimiento 11 de Infantería que lo utilizó como campo de maniobras del Ejército. Cuando el Regimiento retiró el alambrado que lo circundaba, un grupo de vecinos –reunidos en una comisión y avalados por el gobierno provincial– comenzó a limpiarlo y a sumar forestación a la ya existente. Esta impronta participativa de los vecinos entronca con la realización de la fogata, ya que la autogestión y el sentido de pertenencia plasman en acciones colectivas.
En cuanto a la dimensión histórica y cultural, en la zona se destacan acontecimientos como el paso de Charles Darwin por el arroyo Saladillo en unos de sus primeros viajes, como fue la movilización de las fuerzas comandadas por Manuel Belgrano en 1812.
Escuela de arte
La propuesta es llevada adelante por la Escuela Musto, que funciona en lo que fue la casa taller del pintor rosarino. Musto la donó a la ciudad para que en ella se abriera una escuela pública de artes y oficios para las infancias del barrio.
Su metodología constituye una herramienta pedagógica que privilegia un modo no jerárquico en la circulación del conocimiento y la práctica artística. Además, a través del programa Musto itinerante, se realizan experiencias fuera del ámbito escolar, en espacios públicos de la ciudad.
La escuela es un ámbito cultural con fuerte inserción en la zona ya que propicia la convergencia entre lo individual y lo colectivo, entre el barrio con su identidad propia y la ciudad. Se destacan el sentimiento de vecindad y la interacción con la comunidad.
En el encendido de la fogata se evidencia la resignificación de la quema a través de la preocupación por la situación social y política que muestran los mensajes escritos en los muñecos antes de ser arrojados al fuego, según el ritual. También, en el contexto de ecocidio (quema intencional en las islas del Paraná, enfrente de la
ciudad de Rosario y en toda la región), este fuego controlado se presenta como contracara de aquél y parece representar un deseo colectivo de solidaridad, denuncia y participación comunitaria.
En cuanto a la apropiación social de esta acción, en nuestro país forma parte de las tradiciones populares heredadas de la inmigración que se afianzaron a principios del siglo XX con el surgimiento del barrio como espacio de encuentro, participación e identidad.
A partir del golpe de Estado de 1966, la dictadura prohibió las expresiones de cultura popular callejera, lo que contribuyó de modo decisivo a su retraimiento o suspensión. Con la recuperación de la democracia se inició también un proceso de rescate de estas tradiciones. En la actualidad, recrear estos encuentros que se apropian con espíritu festivo del espacio público (marcando como territorio de pertenencia la vereda, la calle, el barrio, el parque público, la ciudad) es la motivación para rescatar y resignificar en el presente esta tradición cultural, a la vez que adquiere otros sentidos, ligados especialmente a la preocupación social.