Un museo que invita a reflexionar

El Museo Internacional para la Democracia, ubicado en el histórico Palacio Fuentes, propone una experiencia que va más allá de la exposición de objetos de colección. El museo invita al público a detenerse y reflexionar sobre el significado de la democracia, sobre el costo histórico que implicó su construcción y sobre la necesidad de proteger los derechos que la sostienen.
A través de sus distintas salas y recursos expositivos, el espacio propone pensar la democracia no solo como un sistema político, sino también como una práctica cotidiana vinculada al reconocimiento de derechos y a la participación social.
El edificio donde funciona el museo también forma parte de ese mensaje. El Palacio Fuentes, uno de los edificios más representativos de la ciudad de Rosario, aporta una dimensión simbólica al recorrido y se integra a la experiencia general del visitante.
Los derechos humanos como eje central
Una de las ideas principales del museo sostiene que no puede existir democracia sin vigencia ni respeto por los derechos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A partir de esa premisa, la exposición permanente se organiza alrededor de una sala central donde se ubican ocho vitrinas de gran tamaño, cada una dedicada a un derecho fundamental.
La sala central es amplia y luminosa, aunque el recorrido también conecta con otros espacios que abordan experiencias históricas relacionadas con la memoria, la exclusión y la violencia. Algunas salas remiten a las dictaduras, otras a la esclavitud y otras a las migraciones, construyendo distintos climas de reflexión a lo largo de la visita.
El museo se presenta como un espacio de memoria y también como un actor comprometido con la formación de una ciudadanía consciente de sus derechos y responsabilidades.
La historia de Canela Grandi
Entre las ocho vitrinas de la sala principal se encuentra la dedicada a la arquitecta y docente trans rosarina Canela Grandi Mallarini. Su historia personal, junto con su trayectoria académica y profesional, ocupa un lugar destacado dentro del recorrido del museo.
Canela Grandi Mallarini nació el 23 de abril de 1957 y vivió gran parte de su vida bajo una identidad masculina. Durante esos años se casó con una mujer, formó una familia y tuvo tres hijos. Recién en la primera década de los años 2000 comenzó su proceso de transición de género.
Según relata la propia Canela, ese proceso no fue sencillo, especialmente en el ámbito laboral. Ella misma reconoce que pudo atravesarlo gracias al afecto y la tolerancia de sus hijos y de su madre. Hija y nieta de constructores, siempre estuvo vinculada al mundo de la arquitectura y la construcción.
En relación con su transición, sus palabras son directas y contundentes: “lo que creía que era no era. Actuaba un personaje”. También explica que el cambio no ocurrió de manera inmediata, sino que fue un proceso gradual atravesado por nuevas emociones, momentos de angustia, incertidumbre y sufrimiento.
Canela cuenta que, con el paso del tiempo, comprendió la necesidad de vivir otra vida y reconoció que había pasado muchos años actuando como alguien que no era realmente. Su historia se convirtió con el tiempo en un testimonio público sobre identidad, libertad y reconocimiento.
Formación y trayectoria profesional
Canela se formó en la Universidad Nacional de Rosario, donde obtuvo su título de arquitecta en 1980. A los 24 años ingresó como docente en la misma facultad, institución en la que continúa desempeñándose actualmente en las asignaturas de Análisis Proyectual II y Expresión Gráfica.
Además, plantea que no existe una única solución válida para proyectar y construir. Para ella, cada territorio requiere respuestas diferentes y la arquitectura debe adaptarse a las particularidades sociales, culturales y ambientales de cada lugar. Desde esa perspectiva, cuestiona la repetición de modelos estandarizados propios de la arquitectura internacional y de la globalización.
Canela dentro del museo
La historia de Canela Grandi tuvo una amplia repercusión pública y fue difundida en distintos medios nacionales e internacionales. En el museo, una de las vitrinas está especialmente dedicada a su recorrido de vida y a la lucha por el reconocimiento de las identidades trans.
En ese espacio se exhibe la bandera del orgullo junto a un cartel con el artículo 7 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que todas las personas son iguales ante la ley y tienen derecho a igual protección sin distinción.
La presencia de estos elementos busca representar una idea de democracia inclusiva, basada en el reconocimiento y la protección de todas las identidades. La vitrina dedicada a Canela expresa la importancia de garantizar derechos vinculados a la igualdad, la libertad y la identidad.
El trabajo realizado por la Fundación y el museo junto a los archivos de memoria travesti-trans de Santa Fe también forma parte de ese compromiso con la visibilización y la preservación de estas historias.